Las PASO: un festival de interpretaciones
Por Julio Burdman


Nunca habíamos tenido, en 32 años de democracia argentina, una elección con tantas lecturas posibles.


Para empezar, porque las PASO (primarias abiertas, simultáneas y obligatorias) son en sí mismas un material de lectura. Tienen dos componentes: uno vinculante, que es la selección de candidaturas para las elecciones de octubre, y otro no vinculante, que son las expectativas de resultado futuro que dejan y que hoy nos ocupa. El primero no deja dudas: las PASO permiten elegir a los candidatos dentro de los partidos o alianzas, y ademas establecen un umbral mínimo de votos -del 1,5% del total de votos afirmativos por alianza- para “clasificar”. Ayer, en la PASO presidencial, ganaron Macri, Massa y Del Caño, porque vencieron a sus contendientes internos y superaron el umbral, y también Scioli, Stolbizer y Rodríguez Saá, que no tenían competencia interna pero igual demostraron tener más del 1,5% requerido. Los otros once precandidatos perdieron. Y todo lo demás forma parte de la especulación, confusa pero ineludible: en tanto “gran encuesta”, pretendemos inferir de las PASO lo que sucederá en octubre.


Esta segunda lectura, la de los supuestos ganadores y perdedores, está plagada de parámetros discutibles. Por ejemplo: ¿votos por espacio o por candidato? El domingo por la noche, los canales de TV más críticos del gobierno nacional mostraron los datos por espacio en la presidencial (que describen una brecha menor entre Scioli y el ganador de Cambiemos) y por candidato en el caso de la gobernación bonaerense (que mostraban a Vidal en primer lugar, y a Fernández en el segundo). Y los más cercanos al gobierno hicieron exactamente lo contrario. Ese es solo un ejemplo de la parafernalia de interpretaciones de los porcentajes que dominaron la jornada. La información pública de los resultados electorales es una cuestión controversial y por eso en varios países está regulada por ley, pero en el caso de las PASO, sería particularmente complejo hacerlo.


¿Por qué tantos cálculos? Porque la combinación del sistema de eliminación por etapas de las PASO con el ballotage reforzado de la Constitución de 1994 -que evita la segunda vuelta obteniendo 45% en primera, o más de 40% con diez puntos de diferencia sobre el segundo- da lugar a un festival de la matemática y el voto estratégico. La posición relativa de quien sale segundo o tercero es casi tan importante como la cantidad de votos que obtiene el primero. En el antecedente que tenemos, las PASO presidenciales de 2011, los resultados fueron tan contundentes (CFK había logrado el 50,2% y con una diferencia de 38 puntos sobre el segundo) que no había más que hablar. Ahora, los resultados fueron más matizados, y nos hemos puesto a observar diferentes números y conjuntos, con las esperanza de que nos digan quien sera el próximo presidente:


1 - La brecha entre la meta y el primero. Scioli quedó a 6,5 puntos de la meta del 45% para ganar en primera vuelta, y a algo más de 1 punto del 40, que también lo habilitaría, si mantiene la diferencia de 10 puntos con Macri o que salga segundo. Si obtenía 40% o mas tenia otro impacto, pero el 38,4% no está mal.


2 - La brecha entre Scioli y Macri. Nos remite al cálculo de los 10 puntos del régimen electoral presidencial. En este caso, la diferencia es de 8,3 puntos si miramos las alianzas (y si asumimos que todos los votantes de Cambiemos se quedan con Macri), y de 14,1 puntos si miramos a lo que obtuvo candidato. Aquí también, lo obtenido por Scioli no está nada mal.


3 - La brecha entre Macri y Massa. Este número es tan importante como el anterior, sino más, para proyectar futuros. Para competir con Scioli, Macri tiene que polarizar. Y para polarizar, tiene que convencer a los votantes de Massa, a fuerza de puntos porcentuales, de que el, Macri, es el único que tiene chances de competir. Por espacios, esta brecha es de 9,4 y por candidato es de 10,2. La contradicción de Macri es que si se impone la lectura por espacios, que Cambiemos propone, y Massa puede atribuirse el 20,6% de la coalición UNA, queda la percepción de que no hay dos sino tres candidatos en pugna, y el incentivo de los massistas a cambiar su voto es menor. El efecto “voto estratégico opositor”, al que Macri se aferra para el 25 de octubre, depende de que los votantes antikirchneristas hagan ese cálculo, que no surge tan claramente de los resultados del domingo.


4 - La suma de los “votos opositores”. Este es el número de la hipótesis “cambio vs. continuidad” que bautizó a la coalición del PRO, la UCR y la Coalición Cívica. Si sumamos los votos de las fuerzas opositoras que integraron el “Grupo A” o coordinaron posiciones contra el kirchnerismo en el Congreso (hoy representadas por Cambiemos + UNA + Progresistas + Compromiso Federal; no incluyo a la izquierda en este conjunto), nos arroja un total de 56,3%, y es la gran esperanza de Macri ante una hipótesis de ballotage. Pero la política no responde a las matemáticas voluntaristas: hay votantes de Massa, De la Sota y Rodríguez Saá en las PASO que se sentirán inclinados por Scioli.


5 - La suma de los “votos peronistas”. La suma de los votos obtenidos por los cuatro afiliados justicialistas que compitieron ayer (Scioli, De la Sota, Massa y Rodríguez Saá) da 61,1%. No es novedoso: desde el año 2003, en todas las elecciones presidenciales la suma de los candidatos peronistas (o afiliados al PJ, para despejar dudas peronométricas) superó el 60%. Este cálculo puede contraponerse al anterior y respalda las esperanzas de Scioli ante un escenario de ballotage: el candidato del FPV tiene más motivos para atraer a estos votantes que Macri. Las encuestas vienen advirtiendo que una parte no menor de los votantes de Massa y De la Sota terminarían apoyando a Scioli en una segunda vuelta.


6 - La suma de los “votos radicales”. La orfandad (presidencial) del radicalismo continua, y la suma de las tres opciones panradicales (Sanz, Carrió y Stolbizer) llega al 9,3% de los votos afirmativos de las PASO. Ninguno de los tres superó  el millón de votos, y Stolbizer, ademas de haber sido la única que pasó a la general, estuvo algo por encima del resto. ¿Habrá captura de votos radicales por parte de la alianza Progresistas, que sigan el camino propuesto por Martín Lousteau?


Ninguno de los conjuntos anteriores (los “opositores”, los “peronistas”, los “radicales”) deja de ser una construcción de los analistas, y no deben tomarse como predictores absolutos del voto. Pero todos ellos algo inciden en lo que viene. Scioli ha quedado bien posicionado para ganar las elecciones presidenciales pero muchas cosas aún pueden suceder; ganará, en definitiva, el candidato con mayor capacidad para reunir a la mayor cantidad de votantes provenientes de otros perfiles.